Sat. Oct 24th, 2020

Hace casi 500 años, en una fría mañana de diciembre, en el cerro del Tepeyac, que en el presente es parte de la ciudad México, la virgen María se apareció a Juan Diego, un humilde indígena azteca que se había convertido al cristianismo. La virgen, bajo el título de María de Guadalupe, le pidió a Juan Diego que le construyera una capilla en el cerro del Tepeyac, pero cuando aquel humilde indígena le contó al obispo acerca de su visión y de la petición de María, este le pidió una señal de que su historia era real.
Al acercarse la fecha en que conmemoramos el nacimiento de Jesús, nuestro salvador, es oportuno remontarnos al momento de la anunciación, cuando el Ángel del Señor se apareció a María pidiéndole que su vientre fuese la capilla que diese albergue a Dios hijo. María no pidió pruebas al ángel, su fe la llevo a confiar y a decir que sí; a que se hiciese en ella la voluntad de Dios.
Nosotros muchas veces actuamos como el obispo de tiempos de Juan Diego; necesitamos señales antes de confiar, necesitamos una explicación lógica o una respuesta racional antes de darle permiso a nuestra mente o a nuestro corazón a creer y a confiar. Muchas veces actuamos como Tomás, quien exclamó después de la resurrección de Jesús “si no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto mi dedo en el agujero de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré”.
Algo en común que tenían Juan Diego y la virgen María era su sencillez, humildad, pureza de corazón y una gran fe en Dios. Ambos habían experimentado el amor y la presencia de Dios en sus vidas. Ambos albergaban a Jesús dentro de ellos.
Jesús conoce nuestros corazones, Él sabe que muchas veces reaccionamos como el obispo o como Santo Tomás en lugar de actuar como María; Él sabe que muchas veces necesitamos ver, palpar y saborear su amor antes de darle el nuestro.
En esta temporada en que conmemoramos la aparición de Nuestra Señora de Guadalupe y que celebramos el nacimiento de Jesús, pidamos a Dios que abra nuestros corazones a Él; abramos nuestros brazos para servirle y para construirle un santuario dentro de nosotros donde Él pueda albergarse. Él nos amó primero y se hizo hombre para traer la salvación al mundo, esa es nuestra señal.

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Almost 500 years ago, on a cold December morning, on the hill of Tepeyac, which is now part of Mexico City, the Virgin Mary appeared to Juan Diego, a humble Aztec indigenous who had converted to Christianity. The virgin, under the title of María de Guadalupe, asked Juan Diego to build a chapel on the hill of Tepeyac, but when that humble native told the bishop about his vision and about Mary’s request, he asked for a sign that would validate his story.
As the date on which we commemorate the birth of Jesus, our savior approaches, it is appropriate to go back to the moment of the Annunciation, when the Angel of the Lord appeared to Mary asking her that her womb be the chapel that would house the son of God. Mary did not ask the angel for a sign, her faith led her to trust and to say yes; that God’s will be done unto her.
We often act as the bishop of Juan Diego’s time; we need signs before trusting, we need a logical explanation or a rational answer before giving our minds or our hearts permission to believe and to trust. Many times we act like Thomas, who exclaimed after the resurrection of Jesus “Unless I see the mark of the nails in his hands and put my finger into the nail marks and put my hand into his side, I will not believe.”
Jesus knows our hearts, He knows that many times we react as the bishop or as Saint Thomas instead of acting as Mary; He knows that many times we need to see, to feel and to taste His love before giving Him ours.
In this season when we commemorate the apparition of Our Lady of Guadalupe and celebrate the birth of Jesus, let us ask God to open our hearts to Him; Let us open our arms to serve Him and to build a sanctuary within us where He can dwell. He loved us first and took our human nature to bring salvation to the world, that is our sign.
— Deacon Hector J. Donastorg, is the Director of Hispanic Ministry for the Archdiocese of Mobile. He may be emailed at hdonastorg@mobarch.org

By Editor

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