Sat. Sep 26th, 2020

El tiempo en que vivimos, esta temporada de pandemia por la que estamos atravesando y que ha traído sufrimiento y luto a tantas familias, también ha traído desolación espiritual a los Católicos que por meses no pudimos asistir a Misa para alimentarnos y fortalecernos con el cuerpo de Cristo.
Esta desolación espiritual me hace pensar en el pasaje del evangelio según San Lucas que habla sobre los discípulos de Emaús, de aquellos dos discípulos que se encontraban tristes y desconsolados, pues la convicción que una vez tuvieron en sus corazones de que Jesús era el Cristo, el redentor que traía vida en abundancia se había desvanecido después de la crucifixión, y regresaban a su casa en Emaús con su fe debilitada y con poca esperanza.
Los últimos meses han alterado nuestras vidas, nuestros sueños y proyectos; por los últimos meses, hasta cierto punto, nos hemos sentido como esos dos discípulos. Tal vez la imposibilidad de asistir en persona a Misa, el hecho de no poder recibir la sagrada comunión por semanas o posiblemente meses, nos ha debilitado espiritualmente al punto de que, al igual que los discípulos de Emaús, nos hemos convencido de que Jesús se ha ido de nuestras vidas. Como los discípulos de Emaús, muchos nos hemos alejado de la iglesia y andamos errando sin rumbo espiritual definido.
Pero aun dentro de este deambular, Jesús se ha hecho presente en nuestras vidas. Nuestras parroquias, cuyas puertas tal vez estuvieron cerradas como sepulcro en algún momento, ahora están abiertas, virtual y físicamente, y Jesús nos invita a regresar a ellas, nos invita a volver a estar en comunión con la iglesia, con su cuerpo; nos dice que nuestra esperanza será restaurada en la fracción del pan y en los sacramentos.
Los invito a que salgamos de esta flojera espiritual, que al igual que los discípulos de Emaús nos demos cuenta de que Jesús nos ha estado acompañando durante nuestras dificultades, enfermedad, durante este periodo de desolación, y que nos levantemos y regresemos corriendo a nuestras parroquias, nuestro hogar espiritual, ya sea virtualmente a través de los medios comunicación o en persona, donde Jesús nos espera con los brazos abiertos.

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This season of pandemic that has brought suffering and mourning to so many families has also brought spiritual desolation to Catholics, who for months have been unable to attend Mass to feed and strengthen ourselves with the body of Christ.
This spiritual desolation makes me think of the Gospel passage according to Saint Luke that talks about the disciples of Emmaus — two disciples who were sad and heartbroken because the conviction they once had in their hearts that Jesus was the Christ and redeemer who was bringing life in abundance had vanished after the crucifixion. They returned home to Emmaus with their faith weakened and little hope.
The last months have altered our lives, our dreams and projects; for the past few months, to a certain extent, we have felt like those two disciples. Perhaps the inability to attend Mass in person, and the fact of not being able to receive Holy Communion for weeks or possibly months, has spiritually weakened us to the point that we have convinced ourselves Jesus has gone from our lives. Like the disciples of Emmaus, many of us have strayed from the Church and are wandering without a definite spiritual direction.
But even within this wandering, Jesus has been present in our lives. Our parishes, whose doors may have been closed at some point, are now open, virtually and physically, and Jesus invites us to return to them. He invites us to return to communion with the church and His body. He tells us that our hope will be restored in the breaking of bread and in receiving the sacraments.
I invite you to come out of this spiritual slumber and like the Emmaus disciples, to realize that Jesus has been accompanying us during our difficulties and this period of desolation. I invite you to get up and return to our parishes — our spiritual home — virtually or in person, where Jesus awaits us with open arms.
— Deacon Hector J. Donastorg, is the Director of Hispanic Ministry for the Archdiocese of Mobile. He may be emailed at hdonastorg@mobarch.org.

By Editor

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